¡Deja ya de rezar, deja ya de darte golpes en el pecho! Lo único que te pido es que salgas a disfrutar de la vida, que goces y cantes; que hagas arte y llores, que rías. Quiero que desde ya mismo dejes de juzgar a todo y a todos, de echar culpas, de ofender a otros y en general, de provocar caos.
Arregla primero tu Hogar, a eso que llamas Casa y Familia. Luego podrás arreglar las de otras personas. He dejado las estrellas en el firmamento como muestra de amor, las flores del campo como señal de vida, el amanecer y el atardecer para que me puedas ver, si tú quieres; las aves que cantan y el murmullo de la brisa para que me oigas. He dejado los frutos y nada se te ha negado para que siempre me recuerdes y sepas ante todas las cosas el pacto sagrado que tenemos: que tú me ames tanto como yo te amo a cada instante.
Olvida por un momento los Templos y las Iglesias. Mi hogar está en las montañas, en los bosques, en los ríos, lagos, presas, playas, desiertos, glaciares y más. Allí es donde me gusta vivir. Con eso te expreso mi amor por ti. Mi hogar está en ti, en las ciudades desde luego. Está incluso en aquella persona que no te da el paso en la calle o avenida, en todo ser vivo que habita esta Tierra, en todas las cosas que puedes ver, sentir y que existen. Hasta en lo intangible.
No tengo a mi cargo sacerdotes, líderes, pastores, maestros, rabinos, misioneros, imanes o mensajeros. No busques tu camino con ellos; la vida se trata de encontrar tu camino mirando hacia tu interior descubriéndolo sólo a través de ti. No siguiendo a otros hombres o mujeres, pero no te limito a inspirarte en las mentes más brillantes del mundo.
Nunca, jamás podrás hallarme con textos sagrados de las religiones, como la Biblia (Cristianismo, Judaísmo), el Corán (Islam), los Vedas y Upanishads (Hinduismo), el Canon Pali/Tipitaka (Budismo), la Torá (Judaísmo), y el Guru Granth Sahib (Sijismo), o en otros textos parecidos si antes no puedes leerme en un amanecer, en un paisaje, en una mirada como la de tus padres o en los ojos de tus hijos o de cualquier otro ser humano, incluso de cualquier ser vivo que esté en tu entorno.
Deja de culparme de tu vida, por tus acciones u omisiones. Eres tú y sólo tú responsable de encadenarte a las vibraciones negativas como el odio, el egoísmo o el rencor, la vanidad, los celos y todas esas etiquetas a las que les das significado. Sólo eres tú quien ha decidido sufrir, porque el dolor es inevitable.
Eres absolutamente libre para crear en tu vida un cielo o un infierno. Eso depende de ti. Te he dado la capacidad para hacerlo y más. No te puedo decir qué sigue después de esta vida, no lo entenderías ya que de hacerlo eliminaría toda la magia que has descubierto, pero si tú decides aceptarlo, te puedo aconsejar que vivas cada momento como si fuera el último día, como si no existiera nada después, como si sólo tuvieras una única oportunidad para ser, amar y vivir.
Existo en la medida que tú quieras que exista, puedes darme una imagen o un templo si eso deseas. Aclaro, no lo deseo, ni lo necesito para que creas si quiera en mí, quiero que adores a la vida y a tu propio ser. Quiero que respetes a tu cuerpo como a el templo que es. Debes creer en el respeto a tu Madre Naturaleza y a tu Padre Tiempo. En el amor y en el dar, lejos de juzgar y arrebatar, de apoderarte de todo cuanto miran tus ojos, sienten tus manos y oyen tus oídos, sin dejar de lado los otros sentidos que tienes.
Quiero que conozcas las vibraciones cósmicas cuando le das un beso a un ser amado o a una persona que estás mirando, sea en su sonrisa o en las ventanas del alma de tus padres, hijos, hermanos, familia, amigos o extraños.
Si en realidad deseas buscarme, contactarme o pedirme respuestas, busca primero dentro de ti y descubrirás la verdadera magia porque yo soy parte de ti como tú eres parte de mí. Sólo así entenderás como funciona el Universo.
Con amor y cariño, de mí para ti.

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