En mi afán por promover en ustedes, mis estimados amigos lectores, el interés por la reflexión interna, me he pemitido contarles algunas anécdotas que he escuchado en algunas de mis clases en la Universidad, algunas otras que veo en las cadenas que mandan por correo electrónico y otras que me nace contarles porque me parecen muy interesantes, quiero en esta ocasión platicarles de una fabula con un mensaje agradable que le he llamado “El sol y el viento”.
Pues bien, se trataba de que en una ocasión el Sol y el Viento discutían sobre cual de los dos era más fuerte. La discusión fue muy larga porque ninguno de los dos quería ceder su poder. Viendo que por el camino avanzaba un hombre acordaron en probar sus fuerzas desarrollándolas contra aquel hombre que iba pasando por aquel camino. Vas a ver –dijo el viento– como con sólo echarme sobre ese hombre desgarro sus vestiduras y comenzó a soplar cuanto podía, pero cuanto más esfuerzos hacía el hombre más oprimía su capa gruñendo contra el viento y seguía caminando. El viento encolerizado arrojaba lluvia y nieve pero el hombre no se detuvo y más cerraba su capa. Comprendió el viento que no era posible arrancarle la capa.
Mientras tanto el Sol sonrió mostrándose entre dos nubes recalentó la Tierra y el pobre hombre que se recocijaba con aquel dulce calor se quitó la capa y se la puso sobre el hombro. ¿Ya ves…? –Le dijo el Sol al Viento– ¿…cómo con la bondad se consigue más que con la violencia?
Pues bien, se trataba de que en una ocasión el Sol y el Viento discutían sobre cual de los dos era más fuerte. La discusión fue muy larga porque ninguno de los dos quería ceder su poder. Viendo que por el camino avanzaba un hombre acordaron en probar sus fuerzas desarrollándolas contra aquel hombre que iba pasando por aquel camino. Vas a ver –dijo el viento– como con sólo echarme sobre ese hombre desgarro sus vestiduras y comenzó a soplar cuanto podía, pero cuanto más esfuerzos hacía el hombre más oprimía su capa gruñendo contra el viento y seguía caminando. El viento encolerizado arrojaba lluvia y nieve pero el hombre no se detuvo y más cerraba su capa. Comprendió el viento que no era posible arrancarle la capa.
Mientras tanto el Sol sonrió mostrándose entre dos nubes recalentó la Tierra y el pobre hombre que se recocijaba con aquel dulce calor se quitó la capa y se la puso sobre el hombro. ¿Ya ves…? –Le dijo el Sol al Viento– ¿…cómo con la bondad se consigue más que con la violencia?