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«No existe sabio que lo sepa todo, ni ignorante que no sepa nada».


17 de abril de 2019

Carta a mi futura esposa...

Hola, futura esposa:
Ya sea que estés leyendo esto antes de conocerme, o que te topes con esto luego de haberlo hecho, quiero que sepas unas cuantas cosas.
El motivo por el que escribo esto es porque no puedo dejar de pensar en ti, y no puedo dejar de imaginar lo feliz que seré. Toma esto como una promesa de que lo haré lo mejor que pueda para ser el mejor hombre para ti.
Puede ser que aún no sepa de todas las dificultades que vienen con un compromiso de por vida, pero he tenido suficiente experiencia en relaciones para saber lo que quiero y cómo imagino mi vida con la persona con la que me comprometeré: tú.
Los que me rodean son una fuente continua de educación e inspiración sobre cómo quiero que sea nuestra relación.
Prometo hacer mi mejor esfuerzo para hacer que brilles a diario, así que cuenta con muchas sorpresas. Tu sonrisa será mi prioridad.
Prometo que siempre te miraré con la misma adoración con la que lo hice el momento en que me di cuenta de que te amaba.
Prometo intentar encender la misma chispa que veo en tus ojos cuando estás sorprendida, inspirada, motivada o cuando te estás inclinando para besarme.
Prometo tomar tu mano cuando tengamos 80 años con la misma alegría con que lo hice cuando cruce esa línea y la tomé por primera vez. Juro nunca dejar que el estar conmigo deje de ser excitante. Te sorprenderé con el lugar, el motivo, o con la misma actividad que hagamos.
Prometo mantenerte adivinando a dónde iremos luego. Prometo hacer lo mejor que pueda para siempre ser interesante para ti. Me seguiré reinventando, buscando nuevos hobbies, nuevos conocimientos y nuevos intereses para mantenerte a ti, y a mí mismo, entretenidos.
Prometo tener nuevas historias para compartir contigo, y quizás contar las mejores nuevamente si insistes. Nuestra amistad continuará creciendo con el paso de los años.
Juro desafiarte a que te desafíes a ti misma para ser mejor. A hacerte pensar de un modo distinto. Prometo intentar alimentarme de tu energía luminosa que me inspirará a hacer lo mismo conmigo mismo. Haré lo mejor que pueda para asegurarme de que por tu mente nunca se cruce la idea de que estás aburrida.
Incluso en el dolor y oscuridad, prometo mostrarte los distintos matices de oscuridad y ayudarte a encontrar esos pequeños rayos de luz que siempre están ahí si los buscas. Después de todo, siempre hay algo peor que lo peor y mejor que lo mejor. Todo es relativo.
Prometo besarte, a lo largo de nuestra vida juntos, con la misma pasión que la primera vez que sentí tus labios en los míos. Cuando nos besemos, quiero detener el tiempo. Sólo tú y yo sumergidos en nuestros sentimientos.
Prometo esforzarme por ser un modelo a seguir para nuestros hijos. Quiero que tanto tú como ellos me vean como una fuente de motivación. Quiero inspirarlos del mismo modo en que mi padre me inspira a mí.
Prometo esforzarme y amar a tu familia tanto como tú la amas y estar de su lado tanto como lo estoy del tuyo.
Prometo escucharte siempre que necesites ser escuchada. Cuando quieras hablar sobre algo en específico o cuando quieras consejo. Incluso escucharé las cosas que intentas decirme cuando ni siquiera hablas. Prometo escucharte siempre.
Durante nuestra vida juntos, prometo asegurarme de que siempre te sientas que eres el centro del hogar. Sé que lo serás, y siempre intentaré mostrar mi agradecimiento hacia ti por ello. Ser el hombre de la casa no es nada sin la mujer.
Prometo nunca bajar la guardia en lo que se trata de cuidar de nosotros. Sé que no te sentirás satisfecha con lo mínimo.
Prometo hacer todo lo que pueda por ti sin quitarte tu independencia física, intelectual o emocional.
Prometo crear tradiciones familiares y asegurarme de que tu legado viva por siempre a través de nuestros hijos.
Prometo encapsular el momento en el que me di cuenta de que te amaba, y que daré lo mejor de mí para no dejar que ese sentimiento se disipe, y que lo reviviré constantemente, siempre.


15 de abril de 2019

Sin fecha de caducidad

Hace ya muchos años, un hombre, con una herida muy profunda, dejó de creer en el amor. Dejó de creer en la mayor energía del Universo.
Estaba separado del resto y así lo deseaba. Lo deseaba con toda el alma, por ese dolor monstruoso, que hizo partirse en dos y en miles de pedazos su corazón. Un corazón que siempre volaba libre, sin miedos, sin corazas; hasta el día que cayó por el peor precipicio. Un precipicio con un fondo lleno de estacas y brasas sedientas de fuego voraz.
No creía en el ser humano, por su maldad, su arrogancia, sus tentaciones diabólicas. Ese hombre donde algún día tuvo ilusiones, sueños y amor; de repente solo tenía oscuridad, desilusiones y temores. Miedos. Los mismos por los que algún día logró las mayores victorias, pero que finalmente sucumbió ante ese miedo. Ante la maldad de su misma raza. La peor derrota.
Se perdió. Creía y lo aceptaba, que nunca jamás volvería a encontrarse, ni a volar junto a su corazón libre. No creía en nada. Miraba a su alrededor, y solo veía amores vestidos de trajes impolutos, de las mejores marcas. Una mísera hipocresía, allá donde clavara su mirada.
Aquel hombre, empezó a “vivir”, siendo consciente que nunca jamás encontraría ese amor puro, de alma, lleno de luz. Sin fechas de caducidad. Aunque siempre, en su corazón oxidado, siempre se hallaba un resquicio de luz; pero él lo tapaba, con sus recuerdos malvados y su memoria tirana.
Iluso de él, que creía cerradas y tapiadas las puertas del amor, vio de repente, por “casualidad” a una mujer. Una mujer con sus mismos miedos, y la misma oscuridad por la que sus ojos empuñaban los pasos. Una mujer aún con ilusiones, pero con grandes desilusiones y la misma alma partida en dos.
Un encuentro como si ya estuviera planeado con antelación. Si las mismas almas se hubieran citado, mucho antes que sus miradas se cruzaran. Es posible o tal vez, que planeado incluso mucho antes de que pisaran por primera vez, con pies desnudos, la madre tierra.
El encuentro de aquél hombre y la mujer, fue el primero de muchos. El primero de algo que no tendría fin. Ambos se volvieron a desnudar, y empezaron a descubrir, que el tiempo solo era una ilusión, el miedo una barrera mental, y que el amor es y sería eterno. Por siempre.
“Las cosas más bellas de la vida, se encuentran detrás del miedo. Allí, tal vez, resida el amor. El amor eterno.”

8 de julio de 2018

La carta que no deberías escribir nunca

Hace algunas semanas leí una carta de un escritor uruguayo que me gustó y quisiera compartir. Y a mí se me hace maravilloso: «Lo que nunca te pude decir». Es una carta escrita antes de morir para un amor profundo. A lo mejor algún día se inspiran y la emplean también para el amor de sus vidas, no lo sé. A lo mejor no. Quizás un día se despiden de alguien que amen tanto y les dejan esta carta redactada con su puño y letra...

AMADA MÍA:
Esta carta que escribo desde lo más profundo de mi alma, desde el mayor pozo de la soledad, la escribo por y para ti. Dictadas todas y cada una de las palabras que arrojo, por el mismísimo corazón, ese corazón que no tuvo el valor de decírtelo en aquél momento, mirándote a los ojos, a las ventanas de tu alma, y que te amo.
Nunca supe el significado del verdadero amor, hasta ahora. Ahora que llegan mis últimos días de vida. Ahora, soy consciente de la mísera vida que he tenido, teniéndolo “todo” y sin tener nada. Ahora me doy cuenta, cuando pienso en ti, en esa mirada que me clavabas en mi pecho, en esa sonrisa majestuosa y sublime, esa belleza colosal que recorría tu esbelto y bello cuerpo, por cada uno de los poros de tu piel. Ahora es tarde, muy tarde, para decirte lo que yo sentía y siempre he sentido por ti. Tarde para devolver lo que tú me hiciste vibrar sin ni siquiera tocarme.
Es tarde porque no fui lo suficientemente valiente, para abrir mi alma y dejar en tus manos delicadas y suaves, mi pobre corazón. Tarde para volver atrás. Tarde para amarte eternamente. Tarde para saborear los placeres dulces e infinitos de tu cuerpo. Tarde por no saber estar en el preciso momento, aún sabiendo que eras tú. Tarde por no llenar esos instantes vacíos.
Solo tú, fuiste ella. Ella que casi desarma todas mis armaduras. Ella, la mujer que fue capaz de hacerme enloquecer, solo con voltear tu bonito rostro y matarme con una mirada felina, diabólica y angelical a la vez. Ella que esperó, sin obtener ninguna respuesta. Ella que siempre fue, y estuvo sin estar, hasta el último segundo de vida.
A punto de emprender un viaje hacia lo desconocido, hacia el más allá; ahora desgraciadamente,  me atrevo a descifrar el mensaje de mi propio corazón. Un corazón que ha vivido a galopes y contracorrientes del ego. Del falso yo. Ahora que me voy para siempre, saco a pasear mi alma, como si fuera mi mayor y preciada mascota. Como si yo no hubiera sido alma y aire puro. Ahora, a poco de partir y cerrar mis ojos para siempre, estos ojos que brillan, pero no de felicidad, sino de tristeza y de lágrimas sin esperanzas, ahora, me sincero contigo. Me sincero conmigo mismo.
Me armo de valor, aquél valor que nunca tuve por tenerte y porque me tuvieras. El valor para amarte cada uno de mis días. Ese valor que desapareció como una cortina de humo en la que sopla la brisa del mar. Me armo de valor para decir al mundo, a la mujer y amor de mi vida, pero sobre todo a mí mismo, que la vida es vivida por los valientes. Es vivida por quiénes caminan sin miedos, aún teniéndolos, siguen y viven con el alma al descubierto. Es vivida esta vida, por todos aquellos que no temen al dolor, aún sabiendo que tendrán que recoger en muchas ocasiones, los miles de pedacitos rotos de ellos mismos y de sus corazones. Vivida por aquellos que con su sangre, borran los charcos de lágrimas de otras personas. Esta vida es vivida en su plenitud y grandeza, por todas y cada una de las almas que lloran y se vuelven a levantar. Que sufren y que son apedreados, pero aún así levantan la cara, levantan el pecho y siguen adelante. Sin escudos, sin máscaras, sin armaduras, sin etiquetas…
Siempre te tuve sin tenerte. Espero mi penitencia en las últimas horas que me quedan por vivir, crucificado y apuñalado en el alma. Con todo lo que pude llegar a expresarte en su momento y ahora, cuando no puedo hacer nada por mi rendición y muerte, me desangro el corazón.
Solo quería decirte, como hace muchos años debí hacerlo, que solo tú, has sido el amor de mi vida. Espero que algún día me llegues a perdonar. Espero que algún día, sea el hombre que ahora siento que podría haber sido. No sé en qué vida, pero espero que mi amor sea mayor, que la cadena perpetua de mis miedos y de reencarnaciones.
Que el encuentro sea pronto, tal vez llegue a tiempo a tu vida y con el suficiente valor en la próxima.

¡Qué maravilla!